Descripción
Transportín blando con estructura interna de alambre, admitido en cabina por la mayoría de aerolíneas.
El armazón es lo que lo diferencia. Un transportín blando sin estructura se aplasta al meterlo bajo el asiento y el gato queda comprimido. Las varillas internas mantienen el volumen mientras el exterior sigue siendo flexible, que es lo que permite encajarlo en el hueco.
Antes de comprarlo, comprueba las medidas de tu aerolínea. No hay un estándar: cada compañía publica las suyas y varían bastante. Y comprueba también el peso máximo con el animal dentro, que suele ser el límite real.
Para el veterinario, en cambio, compensa uno rígido que se abra por arriba.
Y el consejo que más importa. Sácalo semanas antes, déjalo abierto en el salón con una manta dentro y da premios ahí. Un gato que ve el transportín una vez al año sabe que significa veterinario, y meterlo a la fuerza el día del vuelo empieza el viaje de la peor forma posible.






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