Rascadores y camas para gatos

Rascadores, árboles y camas para gatos. Rascar no es un vicio que haya que corregir: es una necesidad física y de comunicación. El gato afila la uña, estira toda la musculatura de la espalda y deja marca visible y olorosa. No se le puede quitar la costumbre; solo se le puede dar un sitio mejor que el sofá.
Por qué el tuyo rasca el sofá y no el rascador
Casi siempre por una de estas tres razones:
Está en el sitio equivocado. Lo pusiste donde no molesta y él rasca donde pasa la vida. Colócalo justo al lado de lo que está rascando ahora; cuando lo use, muévelo unos centímetros por semana si quieres reubicarlo.
Es demasiado bajo. El gato rasca para estirarse por completo. Si no puede extenderse del todo, buscará algo más alto — el brazo del sofá o el marco de una puerta. Un rascador vertical decente parte de los 70-80 cm.
Se tambalea. Un rascador que se mueve cuando el gato tira deja de usarse inmediatamente. Base ancha y pesada, o anclado a la pared.
La altura no es un lujo
Para un gato, un punto elevado es donde se siente seguro. En casas con varios gatos, con perro o con niños, tener sitios altos reduce la tensión de forma muy visible, porque puede retirarse sin salir de la habitación. Un árbol alto no es un capricho de gato mimado: es reparto de territorio en vertical.
Con tres o más gatos, la regla práctica es varios niveles y varios escondites, para que ninguno tenga que ceder su sitio.
Sisal frente a moqueta
La mayoría de gatos prefiere el sisal: resiste la uña, se deshilacha de forma satisfactoria y dura más. Hay gatos que rascan en horizontal en lugar de en vertical — si el tuyo es de esos, ningún poste le convencerá y necesitas una superficie plana.

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