Descripción
Transportín rígido de 48 cm con dos puertas: una frontal y otra en el techo.
La apertura superior lo cambia todo. Meter a un gato que no quiere entrar por una puerta frontal es una pelea que acabáis perdiendo los dos: el gato se agarra al marco con las cuatro patas y tú acabas empujando. Por arriba lo dejas dentro en un movimiento, sujetándolo por el cuerpo. Y en la consulta, el veterinario puede desmontar la mitad superior y explorarlo sin sacarlo, que para un gato asustado es una diferencia enorme.
Para quién es. Para el uso más común: visitas al veterinario y trayectos en coche. El rígido protege mejor que el blando en un frenazo y se limpia a fondo si hay un accidente por el camino, que con un gato nervioso pasa más de lo que gustaría.
Consejo. Déjalo abierto en casa todo el año, con una manta dentro. Un transportín que solo aparece el día del veterinario se convierte en una señal de alarma; uno que es un sitio más donde dormir, no.






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