Transportines rígidos, blandos y plegables para perro, para coche, tren y avión.
La medida correcta
La regla es sencilla y no admite atajos: el perro debe poder ponerse de pie sin agachar la cabeza, darse la vuelta y tumbarse estirado. Si no cumple las tres, es pequeño.
Mide al perro de pie, del suelo a lo alto de la cabeza, y tumbado, de la nariz a la base de la cola. Suma unos centímetros de margen. Y fíate de los centímetros, no de las etiquetas M o L, que cada fabricante interpreta a su manera.
Rígido o blando
Rígido: más seguro en coche, se lava a fondo y aguanta un perro que roe. Los buenos se abren también por arriba, lo que facilita muchísimo sacar a un perro asustado sin tirar de él.
Blando o plegable: más cómodo de llevar y de guardar, y admitido en cabina en muchos vuelos si cumple las medidas. Menos protección en un impacto.
Si vas a volar
Las compañías aplican sus propias medidas y su propio peso máximo con el animal dentro, y varían bastante entre ellas. Consulta las de tu aerolínea antes de comprar nada: no hay una medida universal, y la palabra homologado en un anuncio no sustituye a mirarlo.
El transportín no es un castigo
Esto decide si funciona o no. Si el perro solo ve el transportín el día del veterinario o del viaje, aprende que significa algo malo y se resiste. Déjalo abierto en casa semanas antes, con una manta dentro, y da premios ahí. Un perro que entra solo viaja tranquilo; uno metido a la fuerza empieza el viaje ya estresado.
Mostrando 1–12 de 17 resultados












