Fuentes de agua automáticas para gatos: sin cable, con sensor de movimiento y con avisos al móvil. Todas hacen circular el agua; se diferencian en cómo resuelven los dos problemas prácticos de tener una fuente en casa.
El primero: dónde hay enchufe
Es la pregunta que casi nadie se hace antes de comprar y la que más devoluciones provoca. El bebedero tiene que estar lejos del comedero y lejos del arenero, y muy a menudo en ese sitio no hay corriente. Una fuente con cable te obliga entonces a elegir entre colocarla mal o cruzar la habitación con un cable.
Las inalámbricas resuelven eso: no estás pagando una comodidad, estás pagando poder poner el agua en el sitio correcto. A cambio, hay que acordarse de recargarlas.
El segundo: el ruido
Es la queja número uno con las fuentes, y no solo por molestia humana: un gato que asocia la fuente con un zumbido molesto deja de acercarse, y entonces el aparato empeora justo lo que venías a resolver.
Hay dos soluciones distintas. Las que declaran niveles muy bajos de decibelios, y las que llevan sensor de movimiento: la bomba solo arranca cuando el gato se acerca, lo que además multiplica la autonomía de la batería.
Y el mantenimiento
Algunas avisan al móvil cuando baja el nivel o cuando toca cambiar el filtro. Suena a extra prescindible y es justo lo contrario: el filtro caducado es la causa número uno de que una fuente acabe abandonada.
Si prefieres acero inoxidable, míralas en fuentes de acero. El criterio completo está en qué fuente comprar.
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