Comida para perros y gatos: pienso seco, comida húmeda, snacks y premios. Esta es probablemente la sección donde más se equivoca la gente, porque se elige por el envase y por el precio, y lo que decide es la etiqueta.
Cómo leer una etiqueta de pienso
Los ingredientes van ordenados por peso, de mayor a menor. Mira los tres primeros y ya sabes casi todo. Si el primero es un cereal, estás comprando sobre todo cereal. Si es una carne identificada —pollo, cordero, salmón— vas por buen camino.
Hay un truco de etiquetado que conviene conocer: el troceo de ingredientes. Cuando ves «maíz, harina de maíz, gluten de maíz» en tres posiciones distintas, es el mismo ingrediente repartido en tres para que ninguno aparezca el primero. Sumados, serían el ingrediente principal.
Y una palabra que no significa nada: «premium». No es un término regulado, cualquiera puede ponerlo. Lo que sí está regulado es la lista de ingredientes y el análisis garantizado.
El cambio de comida se hace despacio
Entre siete y diez días. Empieza con un 25 %% de la comida nueva y sube cada dos o tres días. Un cambio brusco provoca diarrea en muchos animales, y entonces se culpa al alimento nuevo cuando el problema era la prisa.
Perro y gato no comen igual, y no es un matiz
El gato es un carnívoro estricto: necesita nutrientes que solo obtiene del tejido animal, como la taurina, y digiere mal el almidón en cantidad. El perro es mucho más omnívoro. Por eso un gato no puede alimentarse de comida para perros: no es que sea peor, es que le falta lo que necesita.
La regla del 10 %%
Los premios y snacks no deberían pasar del 10 %% de las calorías del día. En un gato de 4 kilos eso son unas 20 kcal: muy pocos premios. Si das snacks a diario, baja un poco la ración.
Y lo que ningún artículo puede sustituir: si tu animal tiene una patología —renal, digestiva, alergias, sobrepeso importante— la dieta la decide tu veterinario, no una ficha de producto.
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