Collares para perros: de nailon con forro de neopreno, tácticos anchos, reflectantes y con asa de control. Con una idea de partida importante: el collar es para llevar la identificación, no para tirar del perro.
Para qué sirve y para qué no
Sirve para llevar la chapa con tu teléfono y la identificación. Para enganchar la correa en un perro que tira, lo indicado es un arnés: toda la fuerza del tirón sobre el collar recae en la tráquea. Si tu perro tose al tirar, cambia ya.
En España la identificación por microchip es obligatoria, y en muchos municipios se exige además identificación visible. La chapa sigue siendo la forma más rápida de que te devuelvan al perro: quien lo encuentre puede llamarte sin pasar por un veterinario.
Qué mirar
Forro de neopreno. El nailon desnudo tiene borde y roza el cuello cada vez que el perro gira la cabeza; con pelo corto, la marca aparece en semanas. El neopreno acolcha y no absorbe agua, así que no se queda húmedo tras la lluvia.
Ancho, en perros grandes. La misma fuerza repartida sobre 3,8 cm presiona mucho menos que concentrada en una cinta de 1,5.
Hebilla metálica si tu perro pesa más de 25 kilos. Los clips de plástico se fatigan con los años y con el frío, y revientan sin aviso.
Reflectante en todo el perímetro, no solo en un tramo: si solo lleva en un lado, únicamente se ve si el perro está orientado hacia los faros.
Doble anilla: una para la correa y otra para la chapa, para que no tintinee contra el mosquetón todo el paseo.
La talla
Mide el contorno del cuello con cinta métrica flexible, sin apretar, y añade unos centímetros. No te fíes de las equivalencias por raza. Deben caber dos dedos entre el collar y el cuello: más suelto y el perro se lo saca echando la cabeza atrás, que es lo que hacen justo cuando se asustan.
Un aviso
No vendemos collares de castigo ni antiladridos eléctricos. Son dispositivos aversivos y no queremos recomendarlos.
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